Tejer con soya, choclo y aloe vera. Nuevas Fibras

29 Sep 2018

¿ Lana en Verano ? 

 

Cuando comienza un romance, normalmente todo está envuelto en una atmósfera de fascinación y misterio, un poco de idealización y mucho de creencias que con el tiempo y el conocimiento vamos develando y entendiendo hasta llegar al amor calmo y sincero, que nunca termina de sorprender pese a ser lo mismo que nos enamoró. Bueno, así comenzó mi historia romántica entre las lanas y el tejido.

 

Al principio, tal vez como muchos, mi percepción de "lana" era todo aquello que se pudiera tejer, sin discriminar entre acrílicos, fibras naturales o artificiales y más, sólo sabía que estaba extasiada en un mundo de infinitas texturas, colores, formas y posibilidades de crear. Luego, al pasar un poco el tiempo fui conociendo las diferencias entre una lanita de oveja y otra plástica, algodón o lino; más adelante la clasificación entre lanas de diversas especies animales y sus mezclas, las de origen insectario, las vegetales y las que yacen en el limbo entre lo natural y lo artificial. Hasta ahí, todo era amor en color de rosa, y del coqueteo con las fibras, me fui directo a la acción... días y noches de tibieza tejiendo lanas de ovejita o alpaca, voluptuosas y calientitas en invierno, y al comenzar la época estival, toda la frescura de los livianos algodones, sedas y linos.

 

 

Había comenzado el amor en serio, era todo un compromiso, lleno de magia y placer para mis sentidos, con toda la sinceridad y transparencia de las cosas claras, pues según lo que yo creía, tenía una relación totalmente basada en la pureza de la verdad. Así entonces todo marchaba en orden y alegría: cajas de ovillos clasificados por colores, texturas, grosores y por supuesto lo más sencillo, por estación, invierno o verano. 

 

Sí, hasta ahí todo era perfecto.

 

Hasta que un día vino el desengaño, no hace mucho tiempo, de hecho cuando me enteré de que todo lo que había creído por años era una mentira, me sentí tan extraña, que no supe cómo reaccionar. Había leído de casualidad un artículo sobre una nueva generación de fibras, lanas de oveja proveniente de la raza merino pero extra mejoradas, de una calidad superior y finura tal que se estaba convirtiendo en el delirio de los grandes diseñadores para realizar prendas y textiles de verano, incluso ropa deportiva.

Y yo me dije ¿Queeeeé? ¿Cómo? ¿Cuando? 

 

 

Y por supuesto hice lo que toda tejedora engañada haría: convertirme en detective y averiguar todo al respecto. Así fue como desenmascaré a mi viejo amor lanudo que por casi una vida me había hecho creer que solo era una inocente madeja hecha de vellón ideal para el invierno. Se le conoce como "Cool Wool" o lana fría y es su proceso de elaboración lo que hace que pueda ser tan maravillosa como fibra para el verano. Si sabía que era termorreguladora, protectora de rayos UV, anti bacteriana, aislante, permeable, suave y obviamente la cobertura perfecta que la naturaleza había creado para nuestras amigas ovejas tanto para invierno como verano y claro esto también aplica para otras fibras naturales de procedencia animal, como la alpaca, el yak, camello, etc. ¿¡Cómo no me di cuenta antes!? 

 

 

Seguí investigando y no por despecho ni venganza, pero no pude resistir la tentación de comprar una de estas maravillas por internet, sólo por probar, bueno, en realidad más de una. Al cabo de algunas semanas de ansiosa espera, recibí mi paquete con el preciado tesoro, lanas de una textura exquisita, livianas y suaves, casi de ensueño; pero al terminar de vaciar el empaque vino lo terrible: Un catálogo con más variedades de fibras, cada una más novedosa y especial que la otra, mi perdición. 

 

 

Conocí el "Cool cotton" que pese a su nombre es perfecto para toda estación. El Capot, una fibra suave y esponjosa proveniente del árbol capot capaz de absorber aún más humedad que el mejor algodón, utilizado como componente de mejora en conjunto con otras fibras.

 

El Lyocell, una de las fibras más suaves y bellas que he conocido, hecho de manera respetuosa y sustentable con el medio ambiente, sin químicos y de manera orgánica a partir de la pulpa del árbol de Eucalipto.

 

El Tencel, muy similar al lyocell, que es producido también bajo los mismos estándares, pero a partir de la pulpa de otros árboles y vegetales, tal como el bambú, aloe vera, maíz, soya, algodón y más, todos ellos perfectos para su uso en verano pero sorprendentemente abrigadores en invierno.

 

Y por último, por ahora, la magnífica fibra de leche, o más bien de la caseína, una proteína de la leche capaz de ser convertida en una fibra, suave, resistente e hipoalergénica ideal para tejidos de bebé. 

 

Fue así como después de mis aventuras con todas estas nuevas fibras, mi vida tejeril cambió para siempre. 

 

Sí, pueden pensar que soy una libertina lanuda, una desleal con mi clásico ovillo de lana, una ingrata con el humilde algodón de siempre, pero sepan ustedes que como toda gran historia de amor, ésta también tiene un final feliz.

Abrí mi mente a los nuevos tiempos y tendencias y volví a reorganizar mis cajas de ovillos, ya no por estaciones del año, ni frescas o cálidas, si no por composición, grosores y colores, entendiendo que mi compromiso de amor ahora es más fuerte que nunca, pues mientras más conozco de fibras más me enamoro de ellas y estoy segura que aún me queda mucho más por descubrir. Y estoy feliz de que así sea.

 

P.D. Ahora ya estoy lista para comenzar a tejer una cálida y suave bufanda de soya o quién sabe, algún bikini de lana para la próxima estación.

 

Cariños a tod@s!

 

Tags: artículo, artesanía, motivación, tejer, crear

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