Mascotas y Artesanos · Amor Incondicional

Las mascotas. Amor incondicional

Durante nuestra vida podemos conocer a muchas personas, pero solo algunas se ganan un espacio en nuestro corazón. Las amistades son el complemento ideal para tener una vida feliz, plena de buenos momentos y de experiencias que enriquecen nuestra existencia. La amistad es mutuo amor compartido que se construye entre una o más personas y se mantiene si él o los amigos dedican tiempo a ese vínculo.

Muchas personas tienen una mascota para sentirse acompañadas y establecen con ellas una estrecha relación de amistad a la que la mascota da todo su afecto a cambio de un mínimo de atención y cariño. La diferencia entre la amistad de un animal y de un humano varía porque nosotros podemos guardar resentimiento, mientras que el animal da una amistad pura. Algunas amistades se inician en la niñez de ambos y se afianza mientras crecen y otras se inician en la adultez, pero el amor es el mismo.

Loa animales quieren a cualquiera que los quiera, sin importar color, la forma de ser, religión, situación económica, para ellos no existen barreras entre mascota y humano. Solo les basta una caricia o un abrazo nuestro. Disfrutan el momento.

Estudios científicos han demostrado que la hormona del amor “oxitoxina” es la que crea la conexión tan fuerte como la que se forma a nivel biológico entre padres e hijos.

Los maestros

A veces, pensamos que somos los humanos los que nos diferenciamos de los animales y creemos que nos corresponde enseñarles a ellos. Pero, si nos detenemos un instante a reflexionar las lecciones que nos dan a diario nuestras mascotas, vemos que son valiosas. Cualquiera de Uds. que tengan un perro o un gato en casa, les será más fácil comprender qué cosas nos pueden enseñar. Los animales son maestros, ellos en su simpleza nos dan cátedra de responsabilidad, lealtad, tolerancia, amor, amistad, trabajo en equipo, igualdad entre otras muchas cualidades: a ver la vida desde otro punto y encontrar felicidad.

Por lo tanto, los que tenemos mascotas los valoramos y los amamos como si fueran nuestros propios hijos o una parte integral de la familia. Después de convivir con una buena mascota, uno como dueño del animal jamás vuelve a ser el mismo. Ellos son ¡tan intuitivos y observadores ¡ Perciben fácilmente cuando nos encontramos tristes, preocupados, deprimidos, enojados. Ellos nos permiten llorar o gritar sin inhibiciones y nos escuchan ¡Sí, nos escuchan! Se expresan a su manera, ellos sienten energía, se involucran en nuestros mundos y si estás pasando un mal momento, serán los últimos en abandonarte y al tenerlo a nuestro lado, acariciarlo, recibir un beso de ellos (lengüetazo) basta para relajarnos.

Tuve cáncer hace seis años,

Como ejemplo real, les voy a contar mi caso. ”Tuve cáncer de Recto hace seis años, no lo sabía, pero mi Colo, mi gato gordo, sí. Me llamó la atención que no se alejaba de mí, comencé a observarlo durante varios días y noté que hacia donde iba, él me acompañaba y se acostaba sobre mis pies. Un día, acariciándolo le dije: - Colito ¿qué pasa? ¿Tenés miedo? ¿Qué está pasando? Levantó su carita, abrió grandes sus ojos y estirando una patita me tocó la pierna, musitó un ¡Miauuu! ¡Tan suave y amoroso! Que me conmovió, (tanto como ahora, que ya estoy llorando) Lo alcé y lo tuve apretadito contra mí un buen rato. A la semana se descubrió mi mal, y él, mi Colo, mi adorada mascota la que me acompañó durante tantos años en mi taller, hasta altas horas de la madrugada, mientras tejía en mi telar se había dado cuenta que algo me acechaba. Y siguió a mi lado durante todo el proceso. Al vivir sola con él, era el único que sabía lo que me pasaba a cada instante, me escuchaba, porque solo con él me desahogaba, fue testigo de mis llantos, de mis penas y luego de mi rehabilitación. Me hizo saber en todo momento que su amor era incondicional.

Los compañeros

Los artesanos por lo general trabajamos hasta altas horas, tanto cuando tenemos una entrega o cuando estamos metidos en un trabajo que nos gusta, porque es nuestra pasión.

En mi caso siempre es “una vueltita más, y otra y otra y así pasan nuestras horas. Y entre vuelta y vuelta, o entre mate y mate, o lo que tomemos, si levantamos la cabeza lo primero que veremos muy cerquita, vigilando, aunque aparenten dormir es a nuestra mascota. Siempre están dispuestas a acompañarnos mientras trabajamos. De tanto en tanto unas palabras nuestras les harán levantar las orejas… nos mirarán y volverán a acomodarse pensando quizás: “seguimos un rato más”. Y a nosotros que las amamos nos transmiten tranquilidad y también orgullo de ser los destinatarios de tanto amor.

Nuestros peludos son una compañía esencial en nuestras vidas pues están a nuestro lado siempre dispuestas a dar amor y fidelidad.

Cuando un miníno ronronea para relajarse y tranquilizarse, está inconscientemente relajándonos a nosotros también.

Si tenés una familia con niños pequeños, los perros son de gran ayuda en su crianza.

“Es solo un animal” no dirán los que no tienen, ni les gustan los perros o los gatos, cuando nos preocupamos si están enfermos, o festejamos cuando están contentos y hacen gracias, y no paramos de tomarles fotos.

Tampoco saben lo que se siente cuando estás solo y ellos están. No se imaginan la felicidad que nos dan. Nos brindan Amor, Fidelidad y Amistad.

Ni lo que se experimenta cuando llegamos exhaustos al final del día y sabemos que detrás de la puerta hay alguien desesperado por darnos su cariño impagable. La conexión animal es el proceso en el que las mascotas se vuelven compañía o amigos y son tratadas como de la familia.

Si abrimos nuestro corazón y las dejamos entrar seremos capaces de sentir más de la manera que ellas lo hacen.

Por todo lo dicho, amigos, les ruego que siempre escuchen su corazón y respeten a su mascota, que desde el momento que llegó a casa pasó a ser parte de la flia. Y como tal, merece atención, cuidado y mucho cariño.

Mensaje de la Madre Teresa de Calcuta sobre el amor hacia los animales.

¿Por qué amar a los animales?

Porque lo dan todo, sin pedir nada. Porque ante el poder del hombre que cuenta con armas son indefensos. Porque son eternos niños, porque no saben de odios, ni de guerras. Porque no conocen el dinero y se conforman solo con un techo donde refugiarse del frío. Porque se dan a entender sin palabras, porque su mirada es pura como su alma. Porque no saben de envidia, ni rencores, porque el perdón es algo natural en ellos. Porque saben amar con lealtad y fidelidad. Porque dan vida sin tener que ir a una lujosa clínica. Porque no compran amor, simplemente lo esperan y porque son nuestros compañeros, eternos amigos que nunca traicionan. Porque están vivos.

Por esto y mil cosas más merecen nuestro amor. Si aprendemos a amarlos como se merecen estaremos más cerca de Dios.

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