El regalo incomparable

En estas fechas cercanas a la navidad se acrecienta más un recuerdo, el que llega a mi mente sin pedir permisos, solo y sin buscarlo.

...Abuela, te veo sentada con un palillo de madera, que da una vuelta tras otra y que para mí se hace tan entretenido de mirar. Rápidamente lo cambias de mano y vas haciendo un delgado hilo, con todas esas motas de lanas que enrollas en tu largo brazo...

A mi corta edad aun no puedo comprender bien lo realizas, que tan solo es una parte del más bello Oficio. Pasan los días y te veo sentada frente a tu telar, con muchos y largos hilos, lo que al pasar los días se ira convirtiendo en una de esas bellas y coloridas mantas que, pronto estará lista para ser entregada a su dueño, y así ser usada en el frio invierno.

Es tanta mi afición de verte y preguntar cada parte de lo que veo; que es casi natural para ti, creo que te cautivo con mis preguntas. Yo ya quisiera ser una gran tejedora como tú, a mis cortos años.

En la navidad del año 2000, a mis cortos 10 años, recibí un regalo muy distinto a los que podría querer una niña de mi edad y que me encantó. Este no era cualquier regalo, sino que sería aquel que marcaría mi vida futura como artesana, hasta el día de hoy. Este consistía en unas lanas en tonos de celeste y amarillo con un ganchillo, con los cuales comenzaría a incursionar en el bello arte del tejido a ganchillo. Este me lo empezaron a enseñar con paciencia, ya que no podía ser fácil el comienzo.

Tú y mi madre, quien aprendió de ti gran parte de lo que sabe del tejido comenzaron a enseñarme cómo tejer. Lo primero fue una cadeneta que con dificultad y gran entusiasmo realicé, esta queda un tantito arrugada y que era infinita, fue realizada en más de una oportunidad con la finalidad de practicar. Ya al cabo de un tiempo de seguir practicando, me enseñaste mi primer punto para comenzar a tejer lo que sería una funda de almohadón. Entre tu ayuda y la de mi madre voy tejiendo un pequeño cojín, que queda en partes más apretado y en partes más suelto, no sé exactamente cuánto me demore en terminar, pero lo que si se es que se ve muy lindo en mi cama.

Emporio Lana Wolle

Ya han pasado muchos tiempo desde que tejí esa funda de cojín, que aún me acompaña en mis sueños, ya está un poco desgastado por el tiempo que han pasado ¡casi 20 años!

Si bien tú ya no estas pero me queda en mi mente guardado el recuerdo del regalo que me entregaste, que debo decir que no fue cualquiera. Me regalaste el bello arte de tejer y crear. Ese fue el regalo más preciado que pude recibir.

Gracias por encargarte, ya sea de manera premeditada o solo por coincidencia, de traspasar este arte a mi madre y luego a tu nieta.

Este relato es parte de la vida de más de una tejedora y tantos otros artistas que se verán reflejados de alguna manera en este pequeño relato, donde muchos heredan estos bellos oficios que nos unen a los artesanos, desde sus abuelas, tías, madres y hermanos.

Los invito a enseñar a nuestra descendencia y a quienes desean aprender, para que así estos bellos trabajos no queden en el olvido. Y así dar un sentido distinto a estas fechas con tanto ajetreo, entre regalos casi inalcanzables y muchas veces superficiales y que luego de un tiempo pasan al olvido.

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