Carta pública para una amiga en peligro

29 Oct 2018

¡Hey! Tú, sí tú, que estás leyendo y pensando que todo le pasa a otros menos a ti ¿te pusiste tus lentes? ¿Encendiste la luz? ¿Descansaste bien anoche? No, claro que no, si te quedaste hasta bien tarde tejiendo y luego viendo esa serie innombrable de la que todos hablan y te quedaste durmiendo de cualquier manera con el almohadón de respaldo como para tortura china y cuando sonó la alarma te diste cuenta que todo estaba repartido encima, aparatos prendidos y el dolor de espalda diciendo "buenos días".

 

Cuántas veces te has levantado como si la noche hubiese durado tres minutos, con las manos hormigueando, el cuello torcido, las piernas pesadas y esa sensación de arena en los ojos que siempre se pasa "sola" al transcurrir las horas.

 

Sí, ya sé que no tienes mucho tiempo, que la casa, que el trabajo, que la familia, que el presupuesto que otro día, que más adelante, que no necesito un chequeo, que me siento perfecto... Okey, está bien, puedo entender todo eso. Es más, también soy de las mismas, bueno, era, porque como dicen tanto va el cántaro al agua, ya sabes, cuando somos más jóvenes pensamos que somos casi super humanos, capaces de hacerlas todas, sin parar y darnos el lujo de sobrecargarnos de mil cosas, acumular cansancio y trasnoches, sin tregua. Pero el relojito no para ¿y sabes? el tiempo no vuelve atrás.

 

Me dirás que qué sé yo de todo eso, pero nos parecemos tanto que apostaría a que te sonríes ahora mismo, ¿viste? Bueno, qué quién soy yo para decirte nada si en realidad ya estás bien grande y has leído un millón de artículos sobre cuidado y salud,  te han enseñado de sobra acerca de las consecuencias de las malas posturas y hábitos nocivos, incluso ya sabes cómo se sienten las manos y muñecas cuando has tejido como si el mundo se fuera a terminar. ¿Que no te acuerdas?

Déjame contarte algo. Hace algún tiempo, después de varios años culpando a mis gafas viejas por la pérdida en el conteo de puntos cuando tejía o el crochet o agujas que parecían tener vida propia pues siempre estaban en cualquier lugar menos donde los había dejado, ni qué decir de las llaves de la casa, el monedero y otras minucias, nada importante pensaba yo, a todos les pasa, no tomé reparos; pero cuando comencé a olvidar los números telefónicos y hasta los nombres de algunas personas, nadie cercano por cierto, culpé al celular. Sí, a todos les pasa. Ya después comenzaron a suceder otras cosas más extrañas, como olvidar la tetera en el quemador y que muchas veces encontré casi sin agua, o mis plantas casi secas en sus macetas o el cambio de ingredientes en la cazuela que una vez hice sin papas, ni zapallo, ni maíz.

 

¡Qué risa recordar eso! Bueno, nuevamente pensé que a todos les pasa y que es normal a cierta edad. Falso.

 

Por esas cosas de la vida acompañé a una amiga al oftalmólogo y aproveché de hacer un chequeo a mi vista y tal cual ya sabía mi miopía había aumentado. Lo que fue una sorpresa para mí fue enterarme de que prácticamente todo lo que me estaba ocurriendo era producto de mis malos hábitos, los que debía cambiar inmediatamente. Yo era muy orgullosa, así que nadie se enteró en ese entonces de los cambios que comencé a realizar, partiendo por una revisión médica general

 

¿sabías que los adultos también tienen déficit atencional?

 

Ay! Qué locura enterarme de eso, pero me alivié de saber que no era por estar más entrada en años. Puse todo de mi parte y partí por el cuidado de mis visión: ambiente iluminado, o luz directa cuando me ponía a tejer, descansos cada media hora (eso me costó mucho lograrlo) aunque estuviese en la última vuelta, compresas en los ojos con bolsitas de té de manzanilla de esas comunes que venden en los supermercados, dormir "sin tejer" obviamente sin llevar la labor a la cama, pero también aunque no lo creas, al seguir tejiendo con los ojos cerrados mientras llega el sueño, el nervio ocular sigue trabajando, me lo dijo el doctor ¡increíble! pensar que gran parte de mi vida al acostarme y cerrar los ojos seguía entre soñando con conteo de puntos, imaginando diseños y armando mi tejido mentalmente; apuesto a que tú también lo haces, pero ya no más, que el descanso sea realmente reparador. 

 

Lo de la memoria y concentración fue un poco más difícil, pero dio sus resultados. Los que llegaban a la casa pensaban que estaba un poco diferente, pues se encontraron con muchos papeles de notas pegados en la nevera, nada del otro mundo, una especie de horario con mis actividades, una lista de mis contactos telefónicos como respaldo (algo que todos debiesen hacer por si se pierde el celular) y que curiosamente terminé por memorizar, otra lista con proyectos, deseos y sueños por cumplir, lugares y personas a las que visitar, pagos y deberes a realizar e incluso una lista secreta con los regalos para hacer en Navidad. Hice un nuevo orden de muebles y distribución, eliminando muchas cosas innecesarias, hasta ropa que jamás me puse o no volvería a usar, la casa quedó tan liviana, tan espaciosa, que pude concentrarme en lo que realmente me era importante.

 

Piénsalo como un computador, es igual, acumulamos "archivos" y material basura, carpetas inservibles, trastos que sólo utilizan espacio y ralentizan la memoria y hacen que el sistema se ponga lento o peor, se quede "pegado", sin contar qué hay que darle descanso al aparato, por más que esté nuevecito. 

 

No te hablaré de horarios porque entiendo que cada cual distribuye como puede, pero intenta darte tu espacio, respetar tu tiempo, tu ocio, tus regaloneos, tu lugar de trabajo, aunque sea un rinconcito de la habitación. Y agua, y aire, aunque estés en un lugar cerrado, camina, hidrátate que la memoria necesita refrescarse y oxigenar las ideas y aunque te suene tonto ¡come, nútrete! que esas dietas de hambre a la larga te quitan más de lo que imaginas. Te digo todo esto con amor, no lo tomes a mal, ni como un sermón, te he contado un poco de mi experiencia y de lo que me funcionó para seguir hasta ahora con fuerzas nuevas, con más energía, para continuar creando, tejiendo, viviendo más y mejor. 

 

Vi tus trabajos por internet, están hermosos, en esos tejidos y manualidades se nota que has puesto mucho cariño, sólo espero que no hayas dejado de lado compartir con los tuyos, ni tus otras actividades que tanto te gustan. Pero ya sabes, de tal palo... 

Espero que ya no tengas esas jaquecas terribles, ni tengas que usar gafas tan gordas como yo, y que todo lo que te he dicho te ayude. Hablamos pronto.

 

A la distancia y extrañándote mucho, cuídate cariño que quiero verte bien.

Te quiere, Tu amiga Lanuda, Macarena Salazar. Atavikal.

 

www.youtube,com/atavikal 

 

Tags: artículo, artesanía, motivación, tejer, crear

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