Educando Niños en Serie · Artículo

8 Nov 2017

A PORTADA ·

 

Si tu hijo no presta atención en clases, entonces presta atención a lo que él está prestando atención. Tal vez esté haciendo avioncitos de papel o sólo "molestando" pero detrás de eso hay mucho por descubrir.

 

Mi infancia, como la de muchos niños del siglo pasado (creo que eso suena un poco antiguo, jejeje) de la era ochentera, transcurrió en gran parte entre juegos creativos de casa, buscando tesoros en la tierra,  trepando árboles, descubriendo el mundo a través de la experimentación, aprendiendo de mi abuela sus secretos del tejido y su maravilloso mundo de lanas y telas multicolor. La limitada televisión de la época (en que apenas había un espacio infantil)  la comida casera, los animales de granja y el colegio... Sí, ¡qué tiempos aquellos!  

 

"se trunca la niñez a cierta edad, para proseguir inmediatamente a un  intermedio de la etapa adulta, en que los pequeños deben cumplir con ciertas características"

 

La nostalgia vino a mi, un día en que conversando con mi marido, que es profesor de un colegio de alto riesgo social, debatíamos acerca del sistema educativo actual y el enfoque capitalista que se le ha dado a la enseñanza en general, más allá de que algunos crean o no que es un bien de consumo, y el modo en que progresivamente se ha ido destituyendo la naturalidad de la infancia, para dar paso a una nueva especie de clase de desarrollo en que se trunca la niñez a cierta edad, para proseguir inmediatamente a un  intermedio de la etapa adulta, en que los pequeños deben cumplir con ciertas características deseables a su edad, tanto físicas, psicológicas e intelectuales; como si fueran objetos fabricados en serie.  Se les exige rendir, demostrar por medio de calificaciones, que tan "buenos" o "malos" son, ir a un mismo ritmo, entender y aprender rápido, ser "tranquilos" no hablar cuando no corresponde, no moverse,  no jugar,  no reír, no, no, no y más no.  

Mi marido, me mira con paciencia y esa calma que lo caracteriza,  cuando me exalto, reclamando  por tanta ilógica y necia manera de creer que de ese modo estamos "educando". Particularmente él no comparte ciertos cánones establecidos y a su modo, trata de humanizar al máximo sus clases, y sí, ¡se puede! y los resultados son maravillosos. Pero no es la tónica común. Y lo peor de todo es que una gran mayoría está ciega o prefiere desentenderse, porque es más fácil.

De pronto, caí en la cuenta de cómo algunas de aquellas cosas que más me gustaban, siguen siendo hoy mis pasiones y fuente laboral.  Era buena alumna, tranquila, pero curiosa, preguntona, a veces algo distraída, un poco solitaria a ratos, quizás algo extraña; pero como eran otros tiempos, sólo era una niña más. Hoy en día me habrían puesto algún título pomposo, como: Asperguer,  Síndrome de Déficit Atencional, o quizás qué.  Me encantaban las clases de Arte,  Música, y los problemas matemáticos. Como desde pequeñita había aprendido a tejer (a los cuatro años, pero con lápices, en vez de palillos, porque eran peligrosos a mi edad) hacía tapetes  o cosía vestidos a mis muñecas. Ya más grande, en clases de filosofía mi profe me dejaba tejer, pues sacaba buenas notas y en historia o biología incluso sacaba mis perlas  para hacer collares, que después vendía. Y cuando estudiaba lo hacía con música y entonaba lo que iba leyendo según la melodía que escuchaba... 

Muchos pensaban que por mis calificaciones sería una gran Doctora, ingeniera  o Arquitecta. Y sí, estudié como se esperaba. Ya eran los noventa y el boom de moda eran casi exclusivamente las carreras universitarias; los oficios y estudios técnicos no eran tan bien catalogados y poseer un título de renombre te aseguraba estatus y un futuro lleno de éxitos y fortuna. ¡Qué mal! Y me dejé llevar, impulsada por la vorágine del vitoreo de la familia y el qué dirán. 

Sabía en el fondo de mi corazón que en mis venas corría Arte, creación y fantasía, pero como a muchos les ocurrió y sigue pasando, escuché al angelito rojo en mi hombro que repetía incesantemente: "como artista serás pobre, como cantante terminarás pidiendo limosnas, como actriz... pfff! te falta altura, belleza, y buenos contactos.  Y así, fue como entré a la universidad, estudié arquitectura y jamás terminé. 

La realización individual y la plenitud no tienen que ver necesariamente con la intelectualidad, sino con nuestras aptitudes que nos hacen feliz. 

Recuerdo todo esto y no puedo evitar pensar en lo errado de nuestro sistema, en la máquina consumista que se ha convertido la educación, en donde importa poco lo que sueñas o quieres, en donde el dinero es el fin de nuestros logros, sin importar lo frustrante que pueda ser tener un título, sólo porque será rentable. 

No estoy tapando el sol con un dedo, pues vivimos de nuestros ingresos, pero cuando la mayor parte de éstos se va a la farmacia o al sicólogo, porque tu cuerpo y mente están pidiendo a gritos que pares porque ya no pueden más, entonces, la lógica de tener más cosas no funciona. 

Finalmente, después de años entre todo lo "tradicional" y "normal" un día entendí, que la respuesta siempre estuvo conmigo, que toda la vida, lo que había considerado un pasatiempo, tal vez era mi verdadero camino. Fue entonces cuando me propuse ser cada día mejor, superarme, difundir, creer que se puede y heredar al máximo el inconmensurable y maravilloso mundo del tejer. Y créanme, que soy feliz, ¡muy feliz!

Nosotros, padres, abuelos, tíos... tenemos en nuestras manos el poder de cambiar el mundo para nuestros niños. Por favor, apoyemos, creamos en ese pequeño ser, que detrás de esa fragilidad contiene un mundo de genialidad, incentivémoslos a volar con sus propias alas, a soñar que todo es posible, a fortalecer su amor, brindémosles todo el afecto y cariño que necesitan, que una frustrante mala nota no dice nada, y que no sea el gatillo que detenga un brillante porvenir. 

Es difícil predecir qué es lo mejor para cada niño en su futuro, pero sí, les puedo asegurar que detrás de una Montessori,  un Einstein o un Picasso, hubo una madre o un padre que creyó en su hijo, más allá de una calificación. 

 

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