Junta de Tejedoras en Quinta Normal · Tejiendo Amistad

23 Mar 2018

Yo había llegado hacía un rato, pero de tanto asombro con las bellezas que se tejían, los adornos de guirnaldas hechas en lanas multicolor y la alegría que se respiraba en el ambiente, olvidé registrarme para que me dieran el adhesivo con mi nombre y número de asistencia; ya no importaba, porque había alguien que solitariamente deambulaba, así como muchas y muchos más, alguien que había llamado mi atención de forma particular: su sonrisa, su cabello casi blanco, su mirada, su manera pausada de caminar, su serenidad.

 

Me acerqué lentamente, no quería irrumpir tan banalmente en esa casi mágica e hipnótica conexión que parecía tener con el entorno, su ensimismamiento sonámbulo, su plácida luz. Así que le hablé, así como ya había hecho con otras tantas personas a las que les pedí una entrevista, una fotografía, unas cuantas palabras, un saludo para la Revista Lana Wolle; gente de muchos lugares de Chile e incluso de otros países de América y del mundo, en un encuentro multicultural de colores y edades, en donde el gran hilo conductor era la pasión por el tejer. 

Cuando ella pareció volver a la realidad, me miró con extrañeza, como quien encuentra un ser humano en medio de la nada, me sonrió y noté que tenía la huella de una lágrima secándose bajo sus lentes. Le pregunté si estaba bien y volvió a sonreír y me dijo "estoy feliz", así que pensé que podría proseguir con mi nota y hacer alguna grabación para el canal Lana Wolle en YouTube. 

Pero en ese momento comenzó a sonar la música alegre que los organizadores de El Palacio de las lanas habían dispuesto para amenizar este multitudinario encuentro de tejedores, más de mil quinientos, que repartidos en diversos grupos de talleres con técnicas diversas entre la lana y el vellón, estaban disfrutando de una jornada única e inolvidable, de aprendizaje y amistad. Las monitoras, maestras que voluntariamente, con esfuerzo y cariño estaban presentes, cada una con un enorme trabajo previo de mucho tiempo de coordinación, lograron una obra magistral en quienes pudieron participar en crochet, palillos, telares, horquilla, tunecino, fieltro y mucho más.

Y aunque hubo también personas que por diversos motivos no alcanzaron a inscribirse, también pudieron presenciar y disfrutar de las distintas actividades o simplemente sentarse a compartir, como "Las libres" un grupo de tejedoras sin taller que muy divertidas se bautizaron así. 

Cuando salimos del sobresalto de la música, no sé por qué, no le dije nada de la entrevista, sólo le pregunté si estaba sola y me dijo que sí, pero no. Quedé intrigada, así que le dije "¿vamos un poco más allá?" como el parque en Quinta Normal, lugar donde se estaba realizando el evento, es muy grande, había mucho lugar para encontrar un espacio más tranquilo. Me senté junto a ella a la sombra de un árbol frondoso, sobre una manta que llevaba para poner en el pasto; instaló su bolso gigante, lleno de tejidos a medio terminar, algunos a palillo, unos cuantos a crochet y otros pocos ya listos para unir y formar algo especial.

-Hace calor aquí mijita, este Santiago es bien grande, yo no venía desde que era Lola, hace años. -Me dijo mirando a la multitud, mientras sacaba de otro bolso una botella de agua. Le pregunté entonces de dónde era y cómo se había enterado de la junta. -Mire, yo soy de Temuco, pero vivo hace años en Chiloé, me dejaron unos terrenos por allá y allá me quedé. Yo había quedado viuda y mis hijos se fueron del país... años difíciles. Estaba sola y conocí gente muy buena, me enseñaron desde cortar leña hasta hacer pan; yo venía de familia pudiente así que no sabía hacer nada, ¡figúrese!

No la quería interrumpir, se había generado una especie de lazo invisible y quería seguir escuchando su relato, algo me decía en mi interior que aún tenía mucho por descubrir. La miré con atención para seguir.

-Aprendí a tejer y en el grupo de chiquillas que nos juntamos hace tiempo, todas mayores de 60, una de ellas que es más moderna, nos contó esto de aprender por internet con "Yutú" y hacer amigas con "Feibú" (así lo dijo) y nos empezamos a reunir en la casa de la Julita, mi amiga, que tenía de estos televisores grandes. -Diciendo esto se puso a buscar entre sus tejidos y me mostró unos cuadrados tejidos a crochet. -Mire, éstos los hizo la Alicia, una chiquilla del grupo y estos otros la Sra. Paty, otra amiga. Y éstos que son con colores, los hizo mi amiga Julita, ella nos contó de esta reunión. La cosa es que hicimos hasta un bingo para venir y juntar platita para el viaje... estábamos todas tan felices, mire, a mis años, tengo 74, ¡venir a hacer esta locura! 

De pronto noté que se quebró su voz, sacó un pañuelo, se recompuso y volvió a su relato.

 

"la Julita estaba grave de su cáncer. Y ¿sabe? A los días se nos murió la Julita, mi amiga..."

 

-Estábamos aprendiendo los telares con la niña que hace los arbolitos, la del "Yutú" -¿Lana Wolle? le pregunté, y nuevamente pensé en grabarla, pero una vez más me detuve. -Sí, parece que así se llama. Bueno, como le decía, estábamos aprendiendo esas cosas tan lindas y la María que vive poquito más allá de mi casa -en esto me dio todas las indicaciones de cómo llegar -nos vino a avisar que la Julita estaba grave de su cáncer. Y ¿sabe? A los días se nos murió la Julita, mi amiga...

Quedó en silencio y se me hizo un nudo en la garganta, sin saber qué decir sólo "lo siento". Se incorporó, tomó sus bolsos y me dijo -Cuando quiera me va a visitar y tejemos y nos tomamos unos mates y... yo ya me tengo que ir, tengo que tomar el bus de vuelta, sale a las ocho y yo vine a entregar los cuadraditos de las chiquillas para la colecta de frazadas y los de mi amiga que me pidió que fuera como fuera viajara igual y no perdiera esta junta, que era su sueño y el mío también. Así que con ella ando, aquí en el corazón. 

Se despidió, la vi alejarse y por varios minutos me quedé allí mirando inmóvil con una extraña sensación, mezcla de gratitud y amor universal, mientras la cantante Astrid Veas, ganadora del festival de Viña, se preparaba para salir al escenario del evento a cantar su canción y dejar su mensaje como tejedora: Atreverse a usar lo que tejemos, lucir nuestras prendas tejidas y no llevar tanto textil de retail. ¡Excelente mensaje! Luego vino el show de coreografías, finalización de talleres y el resto de la tarde transcurrió entre bailes y festividad, alegría, premios y emoción, en resumen una jornada memorable. 

 

Entrevista a Astrid Veas. Leela aquí.

 

Junto a mi marido, que con su apoyo incondicional de siempre me acompañó, nos fuimos con mi amiga Cristi Almazán, maestra de fieltro y columnista de la revista, quien además realizó un bello y exitoso taller de hadas en el encuentro; desarmamos las mesas, sillas y un sinfín de herramientas y cajas con lanas y vellones, todo lo necesario para su clase, como muchas maestras más que con mucho esfuerzo a título personal, trataron de hacer lo más agradable y cómodas sus clases y así platicando de las experiencias vividas, volvimos a casa, concluyendo que más allá del evento, más allá de lo aprendido, incluso más allá de cada particular razón para asistir o motivo para participar, nos llevamos en el corazón los mejores recuerdos.

Han pasado un par de días y ya tranquila, tomando un café frente al computador, comenzando a escribir, recordé a cada persona con la que conversé y compartí, hasta que caí en la cuenta de que "ella" la señora del sur, la amiga de Julita, jamás me dijo su nombre, ni yo el mío, tal vez algún día la vaya a ver, sin embargo en ese corto tiempo, en ese breve espacio, me dejó mucho más que su historia, historia que es el verdadero sentido de vivir "Tejiendo amistad".

Mil cariños a todas y todos, tejedores del mundo creadores de lazos y redes de amor y fraternidad. 

 

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