11 de Septiembre en Argentina · Día del Maestro

Abriendo caminos

¡Holaaa , queridos lectores ¡ ¿Cómo están Uds.? Quiero suponer que todos muy bien y esperándonos con la curiosidad de saber ¿Qué nos contarán esta vez las chicas de la Revista? Si bien yo no entro en ese grupo de “chicas” porque soy la “abu”, tengo un fluido y actualísimo diálogo con todas.

Las festividades que se celebran en un país no suelen coincidir en fecha con las mismas celebraciones en el resto de los países. Les digo esto porque en mi país, Argentina, el día “11 de septiembre “celebramos el “Día del Maestro”. Pienso que es nuestro deber dedicar a ellos, aunque sea, unas amables palabras de agradecimiento por todo el apoyo, consejos y enseñanzas que han dejado en nuestras vidas.

Muchos de nuestros lectores son padres, abuelos, tíos, todos incluyéndome ,vivimos rodeados de niños y queremos para ellos lo mejor. Entonces, apoyemos a los maestros, a esas personas que de corazón dedican y pasan horas junto a nuestros tesoros más queridos. Hablemos, dialoguemos con ellos para obtener una muy buena comunicación intercambiando y acordando ideas. De un modo u otro debemos evitar la agresividad que hoy por hoy es moneda corriente en el mundo. Al fin y al cabo todos aspiramos a lo mismo: el mejor y más sano desarrollo de nuestros pequeños en todos los aspectos y cuando ellos vean nuestra unión (todos sabemos que los niños nos miran) no serán limitados, aprenderán a explorar, salvar obstáculos, se pondrán en el lugar del otro , serán flexibles ,comprensivos y tolerante, así las relaciones con sus entornos serán fuertes y sinceras.

Aunemos fuerzas y tiremos del mismo carro. El maestro es una pieza fundamental.

Rindo homenaje a todos los maestros, pero en especial a quien dedicó su vida a esta profesión, fue MAESTRA con mayúscula, la señorita Haydeé Migliarini. Los invito a leer un episodio donde la van a encontrar. Éste pertenece a un conjunto de relatos de vida. Ya no soy la misma niña de ese momento, con el correr del tiempo todo ha cambiado, comprendí que ella aprovechó la ocasión para enseñarnos algo más, a la manera de la época, que sería muy importante para nuestra vida futura. Le tenía ¡tanto respeto y aprecio! Que no me enojé, ni dejé de quererla, ni de admirarla. ¡Era “mi maestra”! Esa advertencia que me hizo personal e indirectamente a mis compañeritos nos marcó. Y encontramos en esa marca cobijo, afecto y complicidad. Fue un aguijón que me acompañó/ña aún, que abrió el camino, ese camino que me guió a tratar de infundir mis propios conocimientos a otros.

Muchos de Uds. al leer esta historia la asociarán a la suya propia. Cantidades de simpáticos recuerdos llegaran a sus mentes y harán nido en sus corazones.

Enseñar: Instruir – Iluminar – Dar advertencia, ejemplo o escarmiento

Mis primeros pasos por la escuela primaria

Mi arribo

Llegó el día, de la mano de su mamá iba la nueva alumna, yo, camino a la Esc.Nº71 “Francisco de Godoy”, hoy “Francisco de Gurruchaga”.

Delantal blanco, enorme moño en la espalda, toda durita, almidonada, zapatitos blancos de Grimoldi y dos graciosos moñitos en la cabeza donde una “croquiñol” (así llamaban antes a las permanentes) me cubría de rulos.

Caminamos 6 ó 7 cuadras hasta llegar a la escuela. Unos escalones nos permitieron abordar al zaguán alargado, al costado izquierdo una sala con varios escritorios “La Dirección”. Yo, no sabía aún que hacían allí esas personas escribiendo, pero era un lugar muy pulcro y ordenado.

Mamá habló con esas Sras, y nos dirigimos al segundo patio, allí fuimos directo al primer salón. En la puerta una señora bajita, amable y también de almidonado delantal me recibió, y pasé de la mano de mamá a la mano de ella “mi primera maestra”.

Una semana después

A la semana, mi maestra, le dijo a la portera que me acompañara a la “Dirección”.

Ahora, iba de la mano de Juanita, llegamos, en uno de los escritorios estaba una Sra con el peinado de las señoras de esa época: tirante y con un rodete bajo .Quedé parada a su lado mirándola, algo inquieta porque no sabía qué hacía allí. Un solcito movedizo entraba por la puerta y caía sobre el escritorio iluminando un pisapapeles de vidrio, una esfera .Me distraje un momento. Sentí que me tomaron de la mano y oí:

-¡Hola! Tu eres Lilian, verdad?

-¡Sí, señora!

-Sabes, vamos a jugar con unas tarjetas.

A partir de ese momento, ella me mostraba tarjetas y yo le hablaba sobre su contenido.

Al terminar me hizo unas preguntas…pero han pasado 73 años, se imaginan que no recuerdo nada. Lo único que puedo decir es que de primer grado inicial me pasaron a primer grado superior.

Mi nueva maestra

Alta, delgada, muy derechita con zapatos abotinados, con tacos, boca pintada de rojito .Se paró delante de las dos filas de alumnos. Los ojitos de todo el grupo se elevaron hasta ella, inmutados, sobrecogidos, expectantes. Yo, encabezaba la fila de las nenas, levanté la vista, la miré y desde ese instante quedé prendada de ella.

Siempre fui calladita y obediente y con ella cumplía a “pie juntillas” ¡Era tan recta!...Y su voz…su voz fuerte y clara con un solo objetivo: enseñar. Parecía que dirigía un ejército de pequeñines. En realidad todos marchábamos al compás de sus `palabras. Menos el “turco” Alí que no entendía nada y su hermano el “zurdo”. En esa época ser zurdo era uno de los dolores de cabeza de los maestros. Y…estos dos la volvían loca.

Tenía fama de íntegra, decente, incorruptible¡ muy honrada! Las mamás contentísimas con esta maestra, los chicos un tanto miedosos y yo… bueno yo enamorada .Conmigo tenía un trato muy cariñoso, dulce, y hasta recibí algunas caricias. En una oportunidad que falté por enfermedad, a mi regreso, muy débil, se ocupó personalmente de mi recuperación, sentada a mi lado “como fiel centinela” esperaba que yo comiera la merienda que mamá colocaba en mi portafolios día a día. Mientras comía, ella me narraba historias magníficas que yo escuchaba embelesada envuelta en las cadencias de su voz y así entre casitas de ensueño, caballos alados, libélulas graciosas… sin darme cuenta comía, comía, comía.

Pasó el tiempo

Pasó el tiempo y un buen día dejamos de escribir con lápiz. En esa época en cada pupitre, a la derecha, había un agujero. Llegó la portera con una caja, de ella fue sacando pequeños recipientes de piedra blanca los que colocó en cada hueco de los pupitres, luego los llenó con un líquido azul ¡la tinta! Para nosotros esas maniobras desconocidas realizadas con ¡tanta destreza! eran sorprendentes, tanto así, que estábamos anhelantes para iniciar la nueva actividad. Mirábamos con curiosidad el cabo largo de madera que nos habían comprado nuestras madres junto con una pluma que se llamaba “cucharita” ¡Cuánto nos reíamos de ese nombre ¡¡Cuánta inocencia!

Ya estábamos preparados para tomar el lapicero. Las manos nos temblaban…La ansiedad nos dominaba…Una y otra vez escuchábamos las directivas .

¡De pronto se escuchó!

-¡Listos! Escriban sus nombres.

Hacía más de una semana que escribíamos con tinta cuando la Srta Haydeé me llamó al frente, me ayudó a subir al primer banco .Tomó mi mano derecha, la levantó mientras me sostenía para que no me cayera y dijo con voz ¡fuerte y clara!

- ¡Esto no se hace! Y mostraba al resto de mis compañeritos mis dedos manchados de tinta.

Mi vergüenza mezclada con mi tristeza me inundó. Más que nada mi “tristeza” por haber desfraudado a mi adorada señorita Haydeé. Luchaba por detener mis lágrimas, hipaba, me faltaba el aire…Me ayudó a bajar diciendo:

-¡Nunca más!

Llegué a mi banco destrozada…me senté…miré mis manos y creo que allí mismo me hice una promesa…

Es así, que con el transcurso de los años he sido el calvario de mucha gente.

También llegué a tener voz ¡fuerte y clara!

Este relato, resumido, es la historia real de mi paso por la escuela primaria. Querrán saber algo más ,sí continúe siendo alumna de mi querida señorita Haydeé, hasta que cambió de turno y allí justo allí también cambió la historia (eso lo sabrán en otra oportunidad).

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